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Hesmeritas

razaBorrador

Humanos de piel dura y rugosa, descendientes de los habitantes de la ciudad de Hesmar, en Cirda, cuya esencia cambió y legó el cambio a sus hijos.

Aspecto y rasgos

La piel del hesmerita tiene el grano y el color del granito claro: gris pálido, moteada de pintas oscuras y cruzada por vetas finas. Cubre todo el cuerpo, también la cara, los labios y los párpados. Parece roca a la vista, pero es piel. Se calienta con el sol, siente el roce y sangra cuando se hiere. Solo es más dura que la de un humano corriente, y por eso el frío y el calor le pesan menos.

El cuerpo acompaña a la piel. El hesmerita es más recio, más ancho y más pesado que sus vecinos, y tiene más fuerza. En esto no hay diferencia entre hombres y mujeres: ellas son tan anchas y pesadas como ellos. El pelo crece como el de cualquier humano, y en los calvos la piedra cubre también el cráneo. Paga con la agilidad: es lento de pies y de manos, y no se mueve bien donde hay que trepar, esquivar o pasar sin ruido. Su piel no hace de armadura. Una espada le abre la carne igual que a cualquiera.

Envejece al ritmo de los demás humanos. Tampoco tiene más ni menos dotes para la magia: de los hesmeritas nacen dotados con la misma rareza que entre el resto de la gente. El don no se hereda, y lo que los hesmeritas heredan es otra cosa: un cambio en la esencia misma, que pasa de padres a hijos.

Cuando un hesmerita y un humano corriente tienen un hijo, el rasgo se diluye. El niño nace humano, con unas marcas en la piel como único recuerdo. Cuando los dos padres son hesmeritas, el hijo lo es también.

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Sociedad y cultura

Los hesmeritas no tienen tierras ni gobierno propios. Viven repartidos entre los humanos, en Cirda y en Felgrum, y casi todo el mundo conoce a alguno. Su aspecto llama la atención una vez y se olvida. En la mayoría de los pueblos y ciudades nadie los trata distinto.

La identidad hesmerita se apoya en el origen más que en las costumbres. Las familias recuerdan de dónde vienen, cuentan a los niños las historias de la ciudad y nombran a Hesmar como quien nombra una casa de la que se salió. Entre las historias hay una que se repite más que las demás, la del viejo que lo causó todo. Se cuenta a los niños como cuento y a los mayores como duda.

Historia

Hesmar fue una ciudad pequeña de Cirda, levantada por humanos corrientes. Las primeras generaciones notaron que la piel de sus hijos salía más curtida. Lo achacaron al sol de la sabana y a la cercanía del Salar de Ambel, y nadie lo tomó por un mal. Con el paso de las generaciones el rasgo se acentuó. La piel se endureció, y también el cuerpo: los hesmeritas se hicieron más pesados, de otra morfología.

Nadie sabe qué ocurrió en Hesmar. Los hesmeritas cuentan versiones sin certeza, y la más extendida habla de un vecino que manipuló la esencia de una forma que alcanzó a toda la ciudad. En los cuentos infantiles y en las leyendas se le llama «el viejo». Esas historias son saber popular y no prueban nada: pueden ser ciertas o no.

El miedo a que el cambio siguiera creciendo fue vaciando la ciudad familia a familia. Algunas se quedaron muchas generaciones más, y hubo quien vivió el cambio como un orgullo propio. Al final no quedó gente suficiente para sostener los muros, y los últimos murieron o se marcharon. Los hesmeritas de hoy son los descendientes de quienes se fueron antes.

Relaciones con otros pueblos

El trato con los humanos corrientes es bueno en general, y los matrimonios mixtos son frecuentes.

Hay quien los rechaza. Unos los llaman abominaciones. Otros sostienen que el cambio fue un castigo divino por una supuesta depravación que corría por las calles de Hesmar, y que los actos de sus habitantes lo merecieron. Quienes la sostienen son pocos.

El Colegio de Magos de Vesper los mira con interés distinto: ve en ellos la prueba viva de que la esencia de un ser puede cambiar y quedar cambiada. Envía expediciones a las Ruinas de Hesmar a buscar la causa.

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