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Drocanis

razaBorrador

Pueblo de escamas y cola, descendiente del dragón Zul’ga y de una humana, que habita las laderas de la Cordillera del Alba.

Aspecto y rasgos

Los drocanis son humanos de esencia alterada, y el cambio se ve en todo el cuerpo. La piel es de escamas pequeñas y apretadas, más duras que la piel de un humano, en tonos que van del pardo al rojo oscuro según la familia. Conservan la cola del dragón, larga y gruesa, que usan para guardar el equilibrio. La cabeza tiene forma humana, con rasgos de dragón. La nariz es corta y ancha, de punta redonda y fosas hacia delante, como un hocico que apenas sobresale y no deforma la cara. La boca es una línea larga, fina y sin labios. El mentón es angular, en V, con una hilera de escamas puntiagudas a lo largo de la mandíbula. Las cejas son marcadas, los ojos son ámbar y todo el rostro está cubierto de escamas. Del cráneo a la nuca les sale una cresta de escamas puntiagudas. Se les lee el gesto como a cualquiera.

Viven entre 120 y 130 años, casi el doble que un humano.

Su esencia tiene una inclinación hacia el fuego. El don les nace con la misma rareza que a los demás pueblos, y un dotado drocani no ejerce más magia que otro. Pero el fuego es lo que mejor le sale: un conjuro de fuego le cuesta menos años de vida que a un lanzador de otro pueblo. El resto de los hechizos los paga como cualquiera. De ahí que muchos den por hecho que todo drocani sabe lanzar fuego, y no es así.

Para que nazca un drocani hacen falta un padre y una madre drocanis. Si solo lo es uno de los dos, el niño nace humano, con unas marcas de escamas en la piel como único rastro. La esencia tiende a su forma natural, y una sola sangre no basta para sostener el cambio.

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Sociedad y cultura

Los drocanis viven en pequeñas aldeas de las laderas de la Cordillera del Alba, como Ardal y Zul'gar. Hablan Drocano. Algunos han aprendido también el Vespertino, sobre todo los que bajan a comerciar a Albar, el pueblo humano más cercano.

Es un pueblo tradicional y celoso de sus costumbres, de sus ritos y de su historia. Las grandes ciudades humanas no tienen poblaciones concurridas de ellos, aunque no es raro verlos de viaje. Algunos viven en Vesper. Otros, en Puerto Kaelen, se han apartado de la tradición, atraídos por los placeres que ofrece una ciudad tan libre.

La peregrinación

Todo drocani peregrina al Monte Oruco al menos una vez en la vida. Según su tradición, el fuego del monte está hecho de la esencia de los antiguos dragones, y allí se ofrecen las plegarias a sus almas.

El peregrino sube la ladera y pasa varios días y varias noches al cobijo de la roca, sin comer ni beber. El ayuno busca purificar la esencia y dejarla limpia ante la esencia dracónida. Quien baja ha cumplido con los suyos.

Historia

Los drocanis cuentan su origen así. Entre los antiguos dragones vivía Zul’ga, que se enamoró de una humana. Para estar con ella, el dragón cambió su forma por la de un humano. De esa unión nació el primer drocani, fruto de la mezcla de las dos esencias. De esa estirpe vienen todos los drocanis de Lumeria.

Los dragones se tienen por extintos desde hace generaciones. Quedan algunos fósiles y las leyendas antiguas. Los drocanis dicen que el Oruco fue su tumba: los dragones iban allí a morir, y su esencia, filtrada a través de la roca, hizo del monte un volcán. Nadie ha confirmado ni desmentido que el fuego del Oruco venga de ellos.

Relaciones con otros pueblos

Con los humanos mantienen un trato corriente, sin mucho roce. Las aldeas de la cordillera quedan lejos de casi todo, y a Albar bajan sobre todo a vender y a comprar. Entre los vecinos de Vesper hay quien da por hecho que un drocani siempre sabe prender fuego, y se lo pide. Casi ninguno accede.

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